sábado, junio 27, 2009

Sumergiéndome


(relato inconcluso)

Hace poco escuché unos relatos que me robaron una mueca -intento de sonrisa-, a la vez que se convertían en una invitación a abordar un submarino ruso con 120 tripulantes dispuesto a sumergirse en el olvido para no salir jamás. Me explicó, escuché hace poco en un encuentro a varios narradores haciendo un discurso fácil sobre la migración mexicana a Estados Unidos; los inconvenientes que tenían los migrantes, el abuso de los gringos, su prepotencia, y ya saben, todo el resto de cosas que evidentemente no se puede ocultar. Debo confesar que me dejé arrebatar por la ingenuidad latinoamericana que tanto me caracteriza. Hasta aquí, todo bien. De ahí esa elasticidad en mi rostro ¿qué ocurrió después? Lo que ocurre en todo evento: aplausos, gritos, júbilo y si se desea, algún pensamiento picaron hacia el lector. No era mi caso éste último. Poco tiempo después tuve una cita con el baño. Experimenté la dificultad de no saber qué hacer con mis manos, si taparme los oídos para no escuchar al yuppie que estaba dentro de uno de los cubículos hablándole al que estaba en el otro y que alababa la grandeza norteamericana y la decadencia suramericana, o seguir como hasta ahora, apuntando a la mancha que permanecía en el mingitorio como si yo fuese el mismísimo John Wain jugando tiro al blanco. Era evidente que la historia es una copa que lleva un camarero de mesa en mesa hasta que todos terminamos borrachos y aprendemos a sonreír, y si no, por lo menos a llorar, todo depende del tipo de borrachera que nos toque. Eso pensaba, junto a otras cosas más como el hecho de haber escuchado a aquel joven valiente que tomó el micrófono, hizo reír al público y llenó que levantara el pecho con más ánimo.
-Te vi tomándome unas fotos hace un momento –comentó un joven con voz de grandeza, el mismo que estaba en el baño hasta hace un momento y que a mi juicio se había ido por mi excusado al ver que era el mismo que me había hecho aplaudirle un rato antes. La sorpresa fue horrorosa.
-Sí, claro –le contesté- es que me gustó tu discurso.
El joven me ofreció la mano, necesitaba sellar el pacto de solidaridad conmigo, argumenté que necesitaba lavárselas y antes que lo hiciera me perdí de la fiesta, me fui a hundir con ese submarino del que ya nadie sabe y que quizá esté mejor que esto allá en el fondo.

viernes, junio 05, 2009

La Regia Cartonera

[Comparto el nuevo proyecto que comencé junto a Laura Fernández. Más información en: www.regiacartonera.blogspot.com]




La editorial “Regia” cartonera es un proyecto cultural que nace en Monterrey y que se suma a la iniciativa latinoamericana de transformar el cartón desechado en una palabra provocadora e inquietante por medio de libros elaborados de este mismo material y a precio-costo. Cada ejemplar publicado por nosotros es único por su elaboración artesanal, lúdica e itinerante. Abriendo un nuevo pasillo del que nos servimos para escapar del monopolio de las grandes editoriales mientras caminamos con pasos de utopía. El material con que están hechos las tapas de nuestros libros contienen restos de voces que han sido olvidadas; cientos de manos por las que circuló una caja antes de ser este cúmulo de ojos que se interiorizan en el cuerpo humano para extraer el anhelo y la pasión abrumadas por los intereses comerciales. Es un espacio, se podría decir, donde reaparece la historia arrinconada en el closet. Queda en sus manos nuestros sueños tratando de que estos se hagan una puerta hacía un nuevo mundo.

martes, mayo 05, 2009

Ahora se viene el virus poético...



Lectura el viernes 8 de Mayo:

Rogelio Flores de la Luz
Nérvinson Machado
Guillermo Meléndez
Eduardo Zambrano

Dir: Café - Bar Gargantúa; Escobedo 740, col.Centro, Monterey
Entrada libre.

jueves, abril 09, 2009

A 3 Round


En primera fila estaba Fellini la tetona
La que no se cansaba de gritar el infierno
Con su risa boca arriba cuando no tenía nada que hacer
Tentando muerte con ataúd,
dibujó un Van Gogh con su voz delicada en mis oídos
aunque su rostro era de catedral saltillense
y me pidió que besara sus estrellas pero no dejó de mover sus manos
y yo le quise pedir asilo en el cielo a ver si encontraba el infierno
y empezó la batalla, ella
caminó con pies de profecía
yo, con ojos de suspiro
abre mis piernas y encontrarás pelea
abre mis piernas y no durarás tres round, mijito,
me decía, tirando su pelo al pasado
y el árbitro esperando como animal salvaje
a la presa en guerra
¿para qué son las esquinas sino para empezar un olvido?
Me dijo, Si te vas a poner los guantes no puedes creerte un mesías
Porque ésta es una pelea a muerte.

miércoles, marzo 18, 2009

Invitación: Taller de Poesía y Eventos de lectura en Monterrey

Aprovechando la visita del poeta chileno Héctor Hernández Montecinos por tierras regiomontanas, extiendo la invitación para los eventos donde participará:

Los días 1, 2 y 3 de abril estará dando un taller de poesía en la Casa de la Cultura de Monterrey (Av. Colon 400, Col. Centro). El costo será de $200, en el horario de 6:00 a 9 :00 pm. Más información: cripil05@yahoo.com.mx




El día jueves 2 (también en la casa de la cultura) será la presentación del proyecto editorial “La santa Muerte Cartonera” en conjunto al escritor saltillense Julian Herbert, a quien recientemente le fue publicado bajo este sello el libro: “This is Sparta”. Para mayor información: www.santamuertecartonera.blogspot.com




El sábado 4, la cita será en el café-bar Gargantúa, junto a los poetas: Gabriela Cantú Westendarp, Óscar David López, Minerva Reynosa y Nervinson Machado. La ubicación es Escobedo 740, entre Carlos Salazar y Gerónimo Treviño, Col. Centro. A las 8:00 pm. Entrada libre.

domingo, enero 18, 2009

Los Gombrowicz Suelen Ser Personas Muy Extrañas



(Artículo publicado en la revista del Instituto Zacatecano de Cultura "Ramón López Velarde" N 13 Oct. - Nov.2008)




Lunes.

Yo.

Martes.

Hace ya varios años que estoy tratando de empezar este diario y no me sale más que una sola palabra. Por mucho tiempo me he encargado de embotellar gestos de otros, vidas que adornan como un souvenir en mi repisa de recuerdos falsificados, y así, trato de volverlos barcos inverosímiles que entran por sí solos a esa botella en que se ha vuelto mi vida. He buscado con ansia un principio que no hipoteque ese desenlace inesperado en que se ha convertido mi mundo. Debe ser porque yo mismo ignoro a dónde irá a parar todo esto. De nada sirve entonces colocar las reglas sobre las que se fundamentarán las contingencias, pues si algo tiene un diario, es que siempre estará ligado a la novedad, a la libertad y sabrá hablar por sí solo. Aunque todo sea una soberana mentira.

He estado ensayando varios inicios que en pocas líneas puedan decir todo y nada de mí. Un día, incluso, decidido a empezar, me vestí con un viejo traje que tenía en el armario y me hice una partidura en medio de la cabeza. Debo confesarlo, me veía sumamente ridículo, pero no me importó, yo había decido hacer un diario y nadie mejor para ello que Marcel Proust, y nadie mejor para imitar a Marcel Proust que yo. Entonces decidí comenzar a escribir con un inicio flojo, poco presumido y coloqué: “Hace mucho tiempo he estado acostándome temprano”. Pero nada más lejano a mí que eso. Ya sólo me faltaba que dijera después: “al despertarme una mañana, después de un sueño nada reparador, me descubrí convertido, dentro de mi propio lecho, en un gigantesco insecto”. Aunque esto último se pareciera más a mi realidad, el único insecto que había amanecido en esa habitación era ese extraño “inicio” intentado convertirse en la cerradura de mi futuro diario. Así, descubrí que me había metido en un gran problema; menos mal que no me dio por vestirme como Shakespeare. Ahora bien, si el inicio no es una hipoteca al desenlace, si pone en la mesa las reglas con las que tengo que jugar, entonces, digo, nada mejor para empezar que decir: “Yo”. Y nadie mejor para decirlo que Witold Gombrowicz.

Miércoles.

Llevo tanto tiempo cambiándome de un país a otro en este continente que el nombre del escritor polaco Witold Gombrowicz me suena a consuelo. Lo expongo así: Gombrowicz había zarpó en un barco rumbo a Argentina poco antes de que Alemania invadiera Polonia en la Segunda Guerra Mundial. Lo que lo llevó a quedarse refugiado ahí. Así comienza una vida de miseria, un intento desmedido por escapar de todo, y Argentina parece en sitio perfecto para esconderse de sí mismo, de su condición de escritor y de noble. Esos primeros pasos me hacen pesar que llevo varios días escapando de mi casera.


Mi manía de imitar a Gombrowicz está tomando dotes alarmantes. Ahora no sólo en la forma con que inicio este diario lo estoy haciendo, sino también en este intento desesperado por escapar de los adultos, de los países y los convencionalismos. Ya en su primera novela, Ferdyrdurke (1937), el autor mostró un talento de mago escapándose de “ese mundo artificial y de las rígidas tramas y estructuras de los escritores polacos de su época”. Su antihéroe, un escritor que es llevado de regreso a la primaria, intenta llevar a cabo una “rebelión trágica y desesperada contra la deformación” en que se encuentra inmerso. La novela fue tomada por la crítica de su país como “los desvaríos de un loco”. Lo cual me hace recordar al excéntrico y anecdótico George Perec, quién definió mejor estos desvaríos: “…Joyce mostró que es fácil destruir la escritura; el problema ahora, me parece, es reinventarla”. Creo entonces que escapar es reinventar; escribir, huir.

Jueves.

Ayer por la mañana pasé por el pasillo donde queda el departamento de mi casera, camino obligado -debo aclarar- porque el elevador está descompuesto. Vi algo que me sorprendió. En su puerta había una nota justo debajo del ojo. El escrito no encajaba en nada con esa señora robusta, pálida y de aspecto sombrío que me provocaba un terror tremendo. Me acerqué con mucho cuidado para verificar que aquel papel no era una trampa de mi paranoia. Pero no. Como si se tratara de Williams Borroughs, la nota decía: Si no ha tenido una verdadera experiencia con la muerte no se acerque.

Ahora pienso que la muerte puede ser considerada una lejanía de los relojes. Recuerdo cuando entré por primera vez a su casa ¡no había relojes! Pero ahora me pregunto, si el tiempo puede transcurrir independientemente de ellos. Gombrowicz, por otro lado, tenía su propio reloj de bolsillo que funcionaba muy distinto al de los otros, y estoy seguro que lo adelantaba 10 minutos cada día para darle esa vitalidad futurista que tanto me ha atrapado; sus novelas estuvieron plagadas de una pluralidad de voces, de coqueteos ininterrumpidos con la paradoja y un arte original que pudo desplegar en su diario. En eso estaba pensando cuando con una suavidad casi imperceptible se fue abriendo la puerte, tal vez unos 5 centímetros, no más que eso, y ahí estaba yo tratando de leer ahora no un papel sino un ojo, uno muy diferente al de la puerta; éste más bien parecía el de una vaca, aunque mucho más pequeño, y de nuevo me sumergí en ese otro episodio del diario de Gombrowicz que describe como “tenso”: “paseaba por una avenida dibujada por eucaliptos cuando de detrás de un árbol salió una vaca. Me detuve y nos miramos a los ojos. Su condición vacuna sorprendió hasta tal punto mi condición humana, que me sentí confundido en tanto que hombre, es decir en tanto que miembro de mi genero, del género humano”. Entiendo ahora como se puede sentir esa vergüenza y terminar así convertido también en un animal, un animal extraño, “hasta diría que ilícito”. Y yo, a pesar de no estar al frente de un animal, me sentí de la misma forma. Aquí el animal era yo y no ella. Yo que le debía dos meses de renta y que su sola mirada, húmeda y solitaria, confirmaba mi vida ilícita y de animal.

Viernes.

Ayer de nuevo cuando regresaba a casa me topé con mi casera en el pasillo. Se dedicó a ignorarme con un silbido impertinente. Sin embargo, me seguía con su mirada de vaca, la cual era una dolida y catastrófica visión de mi vida.

Sábado.

Le dije esta mañana a mi casera que yo era un duque, de la misma forma que Gombrowicz le gustaba –por diversión- presentarse ante sus amigos en Argentina. También le recordé que era escritor y me vio como un loco. Para mi sorpresa, me pidió que me acercara a ella y como si fuera un susurro venido del más allá me dijo al oído:

-Sirva para algo, flojo. Escriba de mí.

Domingo.

La primera vez que me presenté en su puerta, hace unos meses decidido a tomar el departamento, le implanté mi condición de seudoescritor. Me presenté como alguien reconocido, aunque en mi propia casa (es un decir, para referirme a la casa de mi familia en Venezuela) ya se les había olvidado hasta mi rostro. Así que esta mañana me planté ante ella con un tono exagerado para que tomara en cuenta mi origen extranjero, recordé de una frase que había leído en Trans-Atlántico y adopté una posición de firme como la que me habían enseñado en la escuela, estiré mi cuello y casi topando con su rostro le dije:

-Óigame señora –la voz se me quebróinmediatamente-, quiero que sepa que yo soy un escritor, un duque, un Gombrowicz, de los Gombrowicz Gombrowicz. ¿Me comprende?

Creo que no sirvió de nada todo aquello, porque ella respondió sin titubeo y con una gran sonrisa de triunfo:

-Yo también soy una Gombrowicz, de las Gombrowicz Gombrowicz.

Ahora me pregunto qué haré con esta señora que está allá afuera esperándome y ha encendido un cigarrillo y levantado su falda hasta las rodillas. Ha cruzado sus piernas para echarme en cara lo que significa ser de una verdadera nobleza. Qué haré ahora cuando esta Gombrowicz no sólo se ha instalado en mi diario y en mi vida y está justamente afuera mostrando sus várices para que yo me dé cuenta que significa estar todo el día parado en pie de guerra ante la literatura. Qué haré ahora cuando ella me ha dicho que todo el edificio espera, porque ha gritado a todo mundo que soy escritor, que escriba también sobre todos ellos, que hable de sus vidas míseras y olvidadas en este diario. Qué haré ahora cuando a mí me ha dado por mudarme ya no sólo del edificio sino de este país y de mi vida.

jueves, septiembre 11, 2008

Algunas fotos de Verso Norte.






lunes, septiembre 01, 2008

Verso Norte




La Secretaría de Extensión y Cultura de la UANL, y la Coordinación para el Fomento a la Literatura, de la revista Posdata, presentan el Primer Ciclo de Poesía Verso Norte 2008, cuyo objetivo es promover la lectura y la obra de los autores de poesía locales. Asimismo, la revista Posdata realizará una bitácora de voces, que complementará la importante tarea de difusión de la poesía en Nuevo León.

Los poetas que leerán su obra en la primera sesión del miércoles 10 de septiembre, son: Eduardo Zambrano, Ana Margarita Ríos Farjat, Yolanda Aguirre y Nervinson Machado.

sábado, junio 28, 2008

Taller de creación literaria para niños

viernes, junio 13, 2008

Plegaria




Perdón, madre, padre
Perdón por atragantarme de ciudad
Pero el colocó en mi boca la noche
y el reloj
y nada ni nadie ha puesto en mis labios
La cima del mundo como él lo hizo
Llena de hojillas errantes de lágrimas.
Antes, podría haberme jurado
La Capilla Sixtina
La reina de este desierto
Parada afuera a una sola pierna
Abriendo la dulzura para que nadie me prestara atención
Mostrando la cicatriz del manicomio papal
Muy por debajo del vestido Hegeliano
Que tan rápido descompuso la belleza
que si bien, no era Armani
no me duró mucho tampoco
y me hacía cantar como nunca
a grito de Monterrey siempre yo
pero la moda es así:
rápida y pasajera como sus labios.

viernes, mayo 09, 2008

Lectura Poética en la Casa de la Cultura de Monterrey

jueves, mayo 01, 2008

Ineditos de Miedo (Parte I)



A ver, cómo comenzamos. Los hechos fueron los siguientes: Las ciudades se acercan o se alejan según los ojos que la proyectan, y eso no fue muy distinto en este caso. Incluso para mí que me encuentro viviendo en un sitio oscuro llamado Santiago. Para ser más especifico, Santiago de Chile. Un país que a veces me parece México, en otros Venezuela, a ratos, un desierto, pero es Santiago, un sitio único y parecido a todos a la vez. Pero seré breve, Borges lo vivió, y yo lo viví junto a él. Es difícil relatar algo como un cuento, cuando en realidad es un hecho que se esconde entre la delgada sábana blanca de la historia. Pero las palabras fueron lanzadas al aire, y ya no hay quien las recoja, y tal vez, por eso me toque a mí hablar sobre el tema. Pero soy un escritor, y estoy acostumbrado a mentir, o digámoslo de otra forma, a decir la verdad mintiendo, y no hay por qué preocuparse, el orden de los factores no altera el producto en este momento. Así que mejor dejamos las matemáticas a un lado. De hecho, si hubo un encuentro inesperado con Borges. Pongamos 1969, en cualquier mes después de febrero. Prefiero no abrumar con los datos precisos, no ahora, por los momentos podemos prescindir de ellos. Preguntarán cómo sé tanto sobre esto, pero ya lo dije, soy un escritor y los escritores inventan, pero esto en realidad no es un invento y no sé si ahora pueda seguir diciendo que soy un escritor. Es la pura verdad. Pero lo que voy a contar tiene que ver con el encuentro entre tres personas y dos ciudades, o quizás, tres ciudades y una sola persona o cuatro personas y cuatros ciudades. Perdónenme, aun no me pongo de acuerdo en las ciudades, y dudo mucho que lo haga. Pero eso por los momentos no nos interesa tampoco. Las ciudades existen o dejan de existir según como las queramos mirar. Las personas también. El hombre a quien me refiero llegó solo, con bastón de una lentitud envidiable y se sentó a la orilla de un banco en medio de una plaza percibiendo el río que se dibujaba como una corriente inagotable corriendo sin riendas en su imaginación. La vista no le daba para mucho en esos días, digamos que yo estaba en el banco, o no, mejor, aclarémoslo de una vez. Total, de igual forma se tendrá que descubrir. En realidad, yo era el banco. Puedo asegurarlo, fui un banco por un día. O por lo menos, lo intenté, y si no, no podría estar contando esta historia justo en este preciso momento. Pero como dije, dejemos las matemáticas a un lado. Borges llegó, se sentó, contempló el paisaje con la mirada triste de un inmortal expuesto a un horizonte inagotable, como si él fuese un gran espejo de este mundo, y el mundo se vio a si mismo, y Borges volvió a sumergido en una soledad del inmortal, sin percatarse del acompañante que guardaba silencio a su lado.

Alguien tocó el hombro del otro. Por supuesto que no fui yo. Para el momento en que me encontré con Borges, o él se encontró conmigo, no lo sé, aún no me pongo de acuerdo en esto, había otra persona a su costado, o digamos, a mi costado. Pero esto creo que ya lo dije. Imagino que fue el acompañante misterioso el que hizo el gesto al ilustre escritor, y lo hizo con un gran respecto. Cómo no respetar a Borges ¡por Dios! es Borges y es el año 1969. Su vecino, digamos, el primero que estaba en el banco, era un hombre delgado; no, más bien, un joven delgado. Lo sé por el peso. No el de los años, por supuesto, eso sólo me sirve a mí, sino por la consistencia física y la actitud ligera y medianamente robusta. Mi pobre espalda servirá como prueba de este hecho ahora. Por la posición en que estaban no pude ver el rostro del otro en realidad, ni quien tocó a quien, y las voces, apenas distinguibles para mí, me dejan conservar este relato, más allá de las descripciones necesarios para entendernos. Pero si sé quien inició la conversación.

-- Lo estaba esperando.

-- Usted y yo nos conocemos –se apresuró a decir Borges, con la voz pausada y el tono cortés que daba el baile silábico de su voz --, permítame saludarlo de nuevo.

-- Si, lo recuerdo –agregó su interlocutor con un especial asombro--, usted y yo nos hemos encontrado en otra ocasión. Y si me permite, creo que dejamos un tema pendiente de esa primera conversación

-- No, no, permita que le corrija; yo hablo todos los días con usted. Aunque no se haya enterado. Pero eso será algo que la edad le irá enseñando. Pero con referente a nuestra primera conversación, no se alarme.

-- Perdón, pero usted me está confundiendo entonces. Apenas es la segunda vez que lo veo, y usted creo que sigue insistiendo en lo mismo.

-- Usted y yo hemos hablado, sin hablar. Aunque sólo se recuerde de aquella conversación acaecida en febrero de este mismo año –Los dos se estremecieron, el frio era algo que compartíamos todos en ese momento--. ¿Se recuerda? Usted estaba en el mismo lado del banco y yo en esta misma posición. Aunque yo para entonces me encontraba en Boston, específicamente en la ciudad de Cambridge, y usted, a orillas del Ródano. Al Igual que ahora.

-- Pero para ese entonces, usted no era más que un sueño.

-- Al igual que usted, y por eso estamos aquí de nuevo.--Una risa sin fuerza salió de ambos, (no encuentro otra forma de describir esa sonido torpe). Alguien les pidió permiso para sentarse, los otros dos se miraron con cara perpleja, ante aquel gesto, y sobre todo, yo, me quedé perplejo también; un banco no está hecho para tantos, si acaso para dos ¡Pero tres…! Aceptaron, me imagino para no ser descorteces, pero procedió un silencio, que casi se rompe cuando uno de los Borges decidió tomar la iniciativa y despedirse del joven levantando una mano. El extraño tomó la palabra y les dijo:

--Perdónenme Señores, mi intención no fue perjudicar su conversación, pero temí que se fueran antes de tiempo. Y necesitaba hablar con los dos.

Tengo que reconocer que se me heló la piel, perdón, la madera. Ya bastante extraña se me había hecho la conversación anterior como para colmo un desconocido se sentara sobre mí y le dijese así, sin más contemplaciones: Borges necesito hablar con tigo y con nuestro amigo menor. De pronto me puse a reflexionar sobre mi estado, y no sobre el de mis ocupantes. Y me vino a la cabeza, ¿si uno está en Cambrige y el otro en el Ródano, dónde carajo estoy yo?

--Permítanme presentarme, aunque ante ustedes no debe de tener mayor cuidado. Mi nombre es el mismo que los ha acompañado desde que nacieron. Es decir, Jorge Luis, y mi apellido, ya lo sabrán, Borges. -Sólo esto me faltaba.

El nuevo ocupante, no sé, cómo se puede describir, diremos que era mucho mayor que Borges, pero a la vez, mostraba una vitalidad casi parecida a la del joven. Sus gestos eran finos, y un acento que casi podría jurar que cantaba algún tango cuando hablaba. Eso si, los tres tenían un estilo peculiar para hablar, como si la palabra no necesitara del tiempo, o como si esta habría que contemplarla con la paciencia de todas las generaciones. No quiero filosofar sobre esto, pero es cierto, el tiempo parecía alargarse con aquella conversación que se prolongó en una poética en desuso más que en su contenido.

-- Tal vez ustedes no me reconozcan, pero les aclararé la memoria –dijo el anciano rejuvenecido— Yo soy ustedes dos a la vez soy yo mismo. Y también me he invitado a esta reunión.

-- ¡Qué! –Gritó el más joven con un gesto de asombro y Borges, y digamos que el Borges viejo se turbó de hombros, como si aquello no lo impresionara.

Lo que siguió después fue una serie de explicaciones, que por mi poca experiencia en hechos como estos no podría traducir. Lo que si puedo decir, es lo que se explicó después, cuando le dijo al Borges que se encontraba con la mirada más perdida que nunca esto:

- escribirás un libro, lo titularás El libro de Arena. En él contarás esta historia, pero me obviarás a mí, no porque no lo recuerdes, sino para que no seas acusado de locos, ya bastante tendremos con toda esta gente que nos ha acusado de fantasear con la realidad, como para que le digamos la verdad de este hecho y nos acusen ahora de quién sabe qué.

Perdónenme que me meta, pero si digo esto es por lo insólito que pasó despues. Contó que si estaba de nuevo ahí, era porque estaba muerto y que venía a contar un cuento ¿Pero para qué se quiere contar un cuento después de muerto?

martes, abril 08, 2008

Cada Cierto Tiempo


Cada cierto tiempo los rostros vuelven a juguetear con el viento del este y las cenizas traen consigo a Alejandría tratando de huir con el polvo de su cíclico destino. Y recuerdo que cada cierto tiempo a algún ídolo (en su ocaso) se le ocurrirá quemar sus cenizas. ¡Alejandría debe arder! –Gritará--, creyendo que es César y que ha quemado todo antes que él.

Cada cierto tiempo, cuando Alejandría vuelve a arder, nuestros ojos atónitos gritan con nuestras voces: ¡Salve César, los que van a morir te saludan! Y las cenizas se expanden para convertirse en Hipatia esperando que la vuelvan a quemar.

domingo, enero 27, 2008

EL Tour de la Metamorfosis.

I



Desde el avión tengo la impresión que el Popocatépetl a vuelto a sus viejas andanzas grafitiado un nuevo cartel de bienvenida de un rojo olvido, mientras, también ha gritado fuego en medio de mi destino inicial. Vuelvo a mirar con detenimiento y toda esa lava volcánica expandida por kilómetros y kilómetros es en realidad el DF, y que no es lava sino un esplendor de luces de una ciudad que nunca duerme.



II



Por entre las espesas nubes de color negro está una pequeña puerta ¿dónde con exactitud? No lo sé, sólo el piloto la conoce, pero de un momento a otro me veo descendiendo al Mictlan. Vuelvo a mirar arriba, no hay esperanza, inevitablemente he descendido a ese inframundo a donde me espera Mictlantecuhtli. De seguro me pedirá el pasaporte.


III




A media que el avión se va acercando a su destino final (presentarme una nueva vida) pienso en un día de diciembre en que estoy con mi familia, digamos que tengo 12 o 14 años por lo menos, y que estoy haciendo uno de esos pesebres interminables en la casa. Esa visión es un pequeño sueño en tercera persona, de esos que puedes tocarte y te conviertes sólo en primera persona cuando la risa o el dolor son algo insoportable. A medida que me voy acercando, esto se va pareciendo cada vez más a un souvenir gigantesco de mi niñez; sus casas miniaturas, sus pastorcitos, sus ciudadanos, todo reducido a una mínima expresión, pero no veo esas jirafas o elefantes que nos empeñábamos en colocar como si en Jerusalén el rey de la selva y toda su tropa hubiese estado pendiente del nacimiento del Niño Jesús. Pero salgo de ese sueño inmediatamente y pregunto: ¿Y donde está Dios en todo esto…? ¿En que parte con exactitud esta puesto los personajes principales de este pesebre? Nada, sin respuesta, mejor me ocupo entonces de concentrarme de que la agente de migración me deje entrar y punto.

IV



En el aeropuerto no veo letreros que digan bienvenidos. Tal vez porque al llegar a esta ciudad no se viene a entrar sino a salir de una vida. Uno viene a armarse una gran fiesta en el Día de los Muertos. Tal vez por eso cuando pasé por el interior de ese gusano blanco en el aeropuerto de Santiago para entrar al avión, me imaginé que estaba saliendo de la vida. Lo que no sé precisamente es si iba a un paraíso o si estaba pidiendo traslado desde el infierno a un nivel accesible en esa tierra, total, nada pierdo con querer jugar un rato ajedrez con el díos Mictlantecuhtli. En una de esas, pasaba las pruebas de los 9 lugares, 8 tienen retos para los muertos y en el 9no -el más profundo- si tienes suerte, podías alcanzar el descanso eterno. Tal vez el mítico barrio de Tepito sea este último nivel al que prefiero no ir a descubrir todavía.

V



Mi primera desgracia! No es Mictlantecuhtli quien me recibe, me imagino que es Mictecacihuatl, la diosa del lugar. Aunque en su carnet dice Miriam algo. No logro leer con detenimiento su credencial pero de seguro es ella. Trato de no aparentar mucha alegría. Ella me sonríe, me entero que los muertos sonríen, me digo. Le devuelvo el gesto con otra pelada de dientes que está diciendo: date prisa que estoy nervioso. Ella hace lo mismo pero respondiéndome: no te preocupes no hay nada que un buen corrido mexicano no pueda arreglar. Volteo esperando ver a los mariachis, o a los norteños con su sombrero y hebillas gigantescas hechas para sostener la gran barrigon que a su vez sostiene esos grandes guitarrones que se empeñan en traer. Nada, de nuevo la desgracia, de nuevo a la realidad. Tampoco era Mictecacihuatl.

VI



En el aeropuerto me espera el poeta mexicano Jorge Gómez, quiense convirtió a partir de ese momento en mi más cercano muerto. Aun no termino de asumir que he llegado al sitio donde todos los países circulan en el mismo sitio sin tropezarse; he llegado al país Aleph, que me perdone Borges. Sin querer escuchó que otro muerto de estos que les encanta pasar pruebas inverosímiles, le dice a otro muerto que acaba de llegar: Bienvenido al DFectuoso. Jorge acaba de decirme lo mismo también, pero omite todo lo demás que viene después de la F. O creo que en realidad me dice, Bienvenido a México. Es cierto, he llegado y aún no lo creo.

VII



Un día en el DF me vasto para comprender que mi destino era Monterrey, que me moría de ganas por pasear otra vez por estas calles de la capital, pero que el tiempo y el dinero no me acompañan para ello. Ya vendré, no me extrañen, que yo lo haré por ti, le dije a la ciudad. Para mi asombro, la ciudad no me contestó. Tengo la impresión que las ciudades son como los dioses, les encanta estar calladas y expectante de las ratas de laboratorio en que nos hemos convertidos.

VIII



Destino final. Casi 60 horas de viaje desde que salí de mi antigua casa en Chile: una hora de escala en Perú, 5 o 6 en Costa Rica, un día entero en el DF, un bus que después de 12 horas de viaje me muestra algunas elevaciones provenientes de la Huasteca. He llegado, y con migo, las primeras lagrimas de recuerdo y alegría. Ya no soporto más las películas malas de este ataúd que me regresa a Monterrey. Pero al fin llego. El terminal está casi vacío. Me bajo como desesperado, me asomo a la puerta de salida del andén a ver si ella está allí. Nada, no la veo. Tomé mi equipaje y esta vez entré a la sala de espera dispuesto a seguir como hasta ahora lo he hecho, quedo frío, alguien está sentada viéndome y se para de repente y no sabe que hacer, yo tampoco, optamos por un abrazo silencioso y unas lagrimas ocultas, empeñadas en silenciar mis años de ausencia. Me digo: ha terminado el tour de la metamorfosis.

miércoles, enero 23, 2008

Sonido Humeante




Todo llega después de la guerra:
las ciudades y las palabras hechas humo
para que nadie las detenga
la noche y sus manos
para ensordecer las hogueras
los días
vueltos fieras
para dormir el coraje.

Todo llega, como si nada, todo llega como un sonido lejano
de papeles que arden como un continente en peregrinación.

lunes, enero 07, 2008

El Disparo





Cuando estoy malherido de esa máquina umbilical
se apreta el gatillo para morir detrás de él y no al frente
como supuso ella, cuando su arma humeaba vida.
Quiero que ese humo que no lo quiero
sea manos y música
no menos sangrientas
con el descaro de convertirse en ojo
antes que todo se termine de desvanecer.

jueves, enero 03, 2008

Isis y La Serpiente Emplumada.

Uno de los primeros temas que me llevaron a interesarme en el Libro (como objeto) y su historia, fue descubrir la relación que cada sociedad mantiene con la muerte, por eso, cuando pude comparar el dualismo corporal que mantenían los griegos (Mente-Alma vs. Cuerpo-Pasión) con la corporalidad egipcia, y ver que la escritura se convertía en una llave entre los muertos y Osiris (encargado de hacer el juicio a los difuntos) no tuve más remedio que hacer todo lo posible por armarme de una cámara e ir a la exposición: Isis y la Serpiente Emplumada, aquí en Monterrey. La exposición surge de la piedra para convertirse en una ventana al conocimiento. No sólo por estar dedicada a Isis, una deidad dentro de la mitología egipcia de lo más interesante, sino por el mismo hecho de que Latinoamérica no es menos rica en conocimiento y la figura de Quetzalcóatl lo demuestra. No hay otro paralelismo entre los dos que el conocimiento, el viaje y el respeto al dialogo con muchas generaciones (anteriores y posteriores). Aquí la piedra toma vida, la muerte toma vida, los antiguos escriba nos siguen hablando. Dejo algunas fotos para que sean ustedes mismos los que hablen sobre ello.

La Serpiente Emplumada




Sobre la Serpiente Emplumada, no me queda más que callar y dejar que sea Ernesto Cardenal el que hable en este esplendido poema del libro Los Ovnis de Oro:
La serpiente era la tierra / devoradora de vida / y dadora de vida. / Serpiente-pájaro= materia alada. / Unión de la tierra con el cielo. / Tierra que se eleva y cielo que desciende. / (Unidos en la cima de la pirámide).

Sarcófago del Faraón Psusennes I



Al caminar por la sala del museo se puede respirar una victoria momentánea al ver el sarcófago con todos los escritos dedicados a las deidades egipcias, quienes al final lograron hacer revivir para nosotros al difunto faraón Psusennes I. Pero nada pudo hacer Thot, el dios de la escritura y “el libro de los muertos”, tampoco, Isis mostrándole el camino hacia Osiris, sí la carne yace como un lugar imaginario y sólo los jeroglífico siguen hablando por él.

El Escriba o Sesh.



Creo haber visto esta figura por primera vez en un libro de Hipólito Escolar llamado Historia Universal del Libro, y posteriormente en muchos otros que hablan sobre el tema. La imagen es la de un escriba y demuestra la gran influencia que éstos tenían sobre la sociedad. Ahora, tenerla al frente mío me hace pensar que la escritura es una lucha permanente que no intenta enfrentar a vencedores y vencidos, sino encarnar una lucha fiera por hacer hablar a los muertos.

domingo, diciembre 30, 2007

A ver... en qué fecha estamos


A ver, supongamos que vives en una ciudad llamada Monterrey, que miras a tu alrededor y los edificios se convierten en enormes lapidas y ves tu imagen en un espejo interminable en cada calle penetrando en tu interior sin que por ello puedas escapar de él, como una huella imborrable, y te encierras en una habitación y apilas imágenes insufribles en la puerta y sellas las ventanas con un pasado, cosa que nadie se atreva adentrar en ese último rincón del vértigo construido sólo para ti. Que deambulas en un continente en donde te has vuelto un extraño, y te sientes parte de todo y de nada, observando que lo único que te ha acompañado en ese viaje al pasado son los escasos libros amontonados en un pequeño estante, más parecido a un mosaico con la imagen de tu persona que a una biblioteca personal. Supongamos te atreves a viajar de un sitio a otro, como un prisionero político de tu propia cerda, o buscando un no se qué, que no hayas nunca en ningún lado, pues siempre estuvo ahí, esperándote y no te das cuenta y decides que tu vida sea una maleta, o ser tú la maleta sin ropa, sin porvenir, llena de silencios, y aun así te empeñas en llevarla a ninguna parte, como suele ocurrir cuando viajas a todas partes, sin importar a donde te lleve. Entonces te repites a cada momento, todos mueren en una año llamado 1984, y ves a Truman Capote, con la valentía de suicidarse en ese año, mientras te tiembla la mano descubres que Julio Cortazar ha muerto en el mismo año e indiscutiblemente tu vas a morir en un año llamado de la misma forma, aunque sepas que vives en una fecha llamada 2001 o 2002 o 2003, nada tiene importancia, repites, todos fabricamos un año llamado 1984 para morir en él, y tú no serás el último ni el primero en hacerlo. Cierras los ojos, y de repente te encuentras en otro país, caminando en calles desiertas, atestadas de gente dispuestas a no existir y ruegas que existan a la vez. Pero no, niño, acabas de llegar a tu año 1984 y comprendes porque un escritor escribió una novela con el mismo nombre, sin tener claro si en realidad era el año en que su personaje se encontraba, pero puedes estar seguro que tu camino se ha convertido en eso mismo, un año que nunca sabes si estás o no estás en él, y con un aroma de muerte arrastrándose por todos los caminos que pisas, y cierras los ojos, y ves de nuevo una Venezuela vieja y olvidada que se atreve a hablarte con un tono sereno, dices, como la voz del poeta, y atreves a circular por calles que nunca pisas en realidad, tomas el bus, dices, a Guarenas, alguien te pregunta que es eso, tratas de explicar que es una ciudad a cuarenta y cinco minutos al este de Caracas a donde solías vivir, a donde vives todavía, bueno, la familia, donde abundan los Samanes, un tanto gris, pero pequeña, donde se encuentra los últimos reductos de tu infancia, de nada vale, el chofer no te ha entendido, no importa, sólo siga, esa es la dirección y, sin querer llegas al sitio que buscabas, caminas las siete cuadras necesaria para visitar a tu viejo hogar, darle un abrazo a tu familia, mostrarle todas tus huellas, decirles que Santiago de Chile fue un sitio donde no te esperó la aventura, sino un rostro parecido al mío, pero más avejentado, y mírame ahora, no soy un niño, aquí estoy, y no te reconocen, entonces cierras los ojos de nuevo, pero esta vez te atreves a abrirlos con mayor impulso y te ves turbado en una cama en pleno centro de la ciudad de Monterrey con un calor sofocante al frente del Cerro de la Silla, y descubres que no eres un sueño, sino ves circular muchos años en pequeños minutos. Entonces te entera, como si no lo hubieses sabido que tu nombre es Eridick, que vives desde hace dos años en esta ciudad, y atrás quedó La Paz, Mendoza, Guatemala, Santiago o Guarenas.

sábado, diciembre 22, 2007

Noveno gusano al aire: Palabras a una Estatua


Vieja estatua
que no ofreces más que musgo
en tus costados
que sigues envolviéndote en anacrónicos silencios
cómplice de tu propia erosión,
de nada sirve recordarnos cuánto nos parecemos.


Piedra momificada de realidades lejanas
has preferido la compañía del silencio
en medio de la multitud que te contempla
sin saber, que tu vestimenta se ha marchitado
y que ni los pájaros te respetan.

A ti vieja estatua de mil cabezas
e ideas muertas
te veo desvanecer en pedazos de olvido
te veo caer en pedazos de tiempo.

Ingenua estatua que quisiste ser como nosotros
nunca entendiste
que primero fue tu contorno rígido
Tu mirada inerte
Tu cementerio de ideas
Tu epitafio de miseria
y fuimos sin serlo
escondidos en egos marchitos
en sombras de otros
y ahora de nada sirve
saber quien fue primero.

martes, noviembre 20, 2007

Roberth Johnson, blues War.


Ya todo esto no es otra cosa

que un cuerpo hurgándose el cuerpo.

Todavía escucho ese gran sonido

sin sombra, hecho fuego

como si alguna vez hubiese sido música.



Aquí no hay guitarras que nos den trompadas

ni huesos juguetones

emitiendo lagrimas

fuera de los mitos,

aquí sólo cantamos blues war

blues war, como una dulce melodía

de un diluvio universal.



Quisiera cantar como un ojo sin parpado

no hecho un sueño

no hecho un muerto

y describir sin temo esta canción:



Nada se acercará al mito de este beso

que parece una declaración de guerra,

con nosotros morirá este lenguaje que nadie entiende.

Me hubiese gustado tener esa voz

suave y ciega;

soñando tanto deseando tanto

que merecemos morir.

sábado, septiembre 08, 2007

Tablilla I: Nuchu Pétreo (Enkheduanna a la diosa Innana)


Ahora que lo pienso, Innana
el fuego es un gran lodazal
escupiendo fiestas funerarias
sin parar. No importa que debamos correr
sobre esta carretera desértica
como una greca salvaje
Abajo muy abajo
casi a nuestras narices
se está preparando la gran guerra
y no sé si tú tengas algo que ver esto.
No sólo estoy segura
muriéndome y mordiéndome
en estos templos de silencio,
entre estos ríos descompuesta
sin parar de andar
en su silencio advirtiendonos los primeros cañonazos
de bienvenida al olvido.
Cómo explicartelo:
ahora no podremos parar esto
y Vamos a 1000 por hora
Demasiado rápido, demasiado lento
Y ya no queda mucho que decir,
sin importar que ya no seas la misma
María Félix que solías ser.
Estamos empezando a desplomarnos
Como si fuésemos una dinastía de barro
y nuestro cortejo fúnebre
estuviera a punto de desaparecer.

viernes, noviembre 03, 2006

La Voz de la Hojarasca o Historia del Libro


La voz con todo el silencio exhumado no bastará.
No bastará tampoco que hablemos de errante a errante. No bastará
Con esa mirada lastimosa a historia que tienes. No bastará
hablar de hojarasca a hojarasca
De una vez. Ya sé que no pediste ser un souvenir de efigie
Ni tampoco amanecer sin sombra, como nos dejaron
Convertidos en una palestra de humo.
Ya sé que no acostumbras a dejar flores en los altares
Para que no se enteren
De que estaban muertos.
Me guardo el silencio y las palabras
La muerte es empacable y desechable
Pero eso nada importa ahora,
Seguirás robándole enigmas a las manos
Y yo arrancándolos de tu mirada: Soy el espectador.

No nos atrevimos a levantar ningún templo
Por vergüenza a dioses, pero sí escaleras
para alcanzar a los árboles de piedra voladores
Cuado los hombres pájaros dejaron de existir: que lo diga Dédalo
Y todos saltamos esperando el vacío, y sólo encontramos a la tierra baldía
Entonces fuiste grieta en el pantano
Como un zarpazo sumerio
En honor a la mentira o al poeta,
Pero a cambio
Volamos sobre todos los balcones
Tratando de que no se nos apartara de la memoria ni de los dioses
La incertidumbre del hombre. En eso nos parecemos.
Son demasiado colores a los que no se puede llegar en tan poco tiempo.

No bastará –repito— que le entregues cuentas a dioses o humanos
Si el escriba es el relojero sin tiempo
Volando sobre su papiro en llama y la pluma temblorosa
Conque escribes en el vientre de los sepultados.

Dime como entenderé la duda de quien tiene que crear y destruir
A la vez, sin que nos veamos entre los fragmentos y la ruina
Del hombre. Porque puedo asegurarlo:
Eres el momento preciso de lo impreciso de un tiempo pasado:
Apenas un viajero.

No arderá otra Alejandría, porque no habrá nada que quemar.
No habrá otro Gutenberg ni otro Voltaire
Ni otra pieza de soledad que quiera danzar con pasos ligeros
Porque estaremos ocupados viendo como el río cambia de dirección
Y esta vez la corriente arrastrará todo
menos a tus árboles voladores.

sábado, septiembre 02, 2006

5ta Incoherencia al aire: Los Poetas se Toman la Biblioteca de Santiago




Los Poetas se toman la Biblioteca de Santiago:
Recital poético desde el asfalto.

Con la participación de:

Diego Cortés
Mauricio Valenzuela
Waldo Ramírez
Felipe Alfonso
Y el poeta venezolano
Nervinson Machado.
Presentación a Cargo de la Poeta Paz Molina.

Viernes 15 de Septiembre.
17:50 Hrs.
Biblioteca de Santiago (Chile)
Auditorio Central
Matucana 151.

miércoles, junio 28, 2006

Quinto gusano al aire: Los Poetas y los Muertos II





Hay momentos en que los poetas

Y los muertos

Crean contratos tácitos de inmortalidad,

Sus versos se vuelven luces a lo lejos

Espectros de ciudades

Sentados en su olimpo

(Con todo y Zeus)

Llorando su solitario porvenir,

Creando siluetas sepulcrales en otros,

Entonces

Los poetas y los muertos

Estamos ausentes

Mientras que las flores

Y las ciudades

Los bosques

Y los muertos

Los poetas

¡Y vaya que los poetas!

Se marchitan.

domingo, junio 11, 2006

Octavo gusano al aire: Caminos de Sueños Insomne


En estos caminos de sueños insomnes
(donde viajo de polizón)
arrastró conmigo un pequeño equipaje
de laberintos y mosaicos,
y de vez en cuando
exhumo utopías
Desempolvo ideas
y regreso a mi patria
la de los sueños:
Los trenes siempre deambulan en rieles
de recuerdos,
y veo al poeta,
a un poeta de Guarenas y Samanes
un extranjero de Guarenas y sus Samanes
un caminante de calles de memorias,
que vuelve
a pasearse
a cada momento
para perderse en la Venecia del palafito
y su epígrafe de desprecio,
encadenándola a mis recuerdos
y su sombra
de palmas
y sombras
que aún festejo en oleadas minuciosas
manoseando sueños
apilando recuerdos,
la vida en un par de hojas enlodadas
de veladas solitarias
para marchar en ese tren de desasosiego
y atravesar las calles de Santiago
y su dolor
y repartirlas en miles de pedazos en mi interior,
atravesar los vagones abandonados,
caminar (de nuevo) por las calles de Guatemala
y ver sus siluetas fantasmales
sus vestimentas de colores
sus palabras sepulcrales
y el luto de mil
generaciones.
Circular por una habitación
de frágiles espejos
y verme y no verme
frente al Cerro de la Silla
ni siquiera en ese tren del exilio…
mi exilio
y sólo encontrarme
en historias de nombres perdidos
en una historia latinoamericana
de una Latinoamérica olvidada
como los poetas:
En barricadas de vida
y fisuras en sus ladrillos
perdiéndome en los sueños
para encontrarme
de nuevo
en ese vientre materno
de la musa
y despertar
como un extranjero.

lunes, mayo 29, 2006

4ta. Incoherencia al aire: Las Estatuas de Sal


Petrifiquemos el presente, cosa que no se nos parezca al presente. Sigamos haciendo de las ideas estatuas que adornan ciudades y que extrañaríamos si no las vemos. Por lo general, nadie se da cuenta que hay estatuas en una ciudad hasta que faltan. Pero dejémoslas ahí talladas e inamovibles, sigámoslas contemplando a ver si algún día despiertan. Capaz que nos demos cuenta que el tiempo no pasa en vano, ni que los pájaros tampoco, y encontremos que las hemos estado mirando por mucho tiempo, y que de tanto mirarlas, nos vamos pareciendo a ellas.

Menos mal que tenemos a los poetas y las estatuas, o las estatuas de los poetas. ¿Se puede hacer poesía sin palabras? A mí parecer el mundo es una poesía. En Latinoamérica lo sabemos bien. Pero el tema de las estatuas, los poetas y las ideas; que a veces pierdo la noción de saber cuál es cual, me lleva a pensar que algún día, cuando los poetas se animen a vivir con la intensidad de un Vallejos, con la valentía de un Shelley, las estatuas se desmoronarán al igual que los poetas que viven del Estado, y las ideas se dejarán de parecer a este presente, que por demás decir, parece estar petrificado en la mente de estos poetas del desastre.

Esas ideas que no manoseamos, ni movemos, nos mostrarán que las estatuas mismas necesitan mantenimiento, y que la piedra, el mármol o el yeso, sucumben ante el tiempo voraz y aniquilador. Las estatuas no representan un pasado, sino la ajena existencia de algo que no será jamás, dispuestas a que se vean por encima del polvo que las recubren y no a través de la mirada exhaustiva del viento, capaz de hacerlas caer por erosión. Conozco escritores y activistas que parecen no solo un viento erosionador, sino una ventisca de futuro que ninguna piedra puede condensar. Espero que nuestras ideas no sean una estatua más.

Las estatuas, a no ser la de los grandes dictadores (aunque no hay ningún dictador que no se crea grande), se erigen sobre el olvido. En el mejor sentido de la palabra, sobre el silencio de la Palabra. Pero entre las estatuas que representan a la muerte y las que representan a los dictadores, no hay mucha diferencia, las dos son olvido. Las dos representan lo extemporáneo de la vida, y están ahí para recordárnoslo, o eso quieren hacernos ver quienes las erigen. Porque las ideas mueren cuando les colocamos el epíteto de inamovibles, es decir: cuando las consagramos al museo de la ortodoxia en una vitrina sin fondo, en la que sólo vemos nuestra imagen. Cosa de que el viento y el polvo -compañeros inseparables de la belleza- no se le acerquen. De nada sirve entonces el más bello de los ideales si la gente, el tiempo, y las ventiscas que cada época ofrece, no participan en él, y no dejan que se ensucien un poco con el viento renovador.

jueves, mayo 25, 2006

Septimo gusano al aire:


Cuando los ladridos de esta ciudad dejen de nombrarte, y las paredes dejen de apilar rostros, y sus fisuras dejen de asomar manos: nuestros fantasmas dejarán de aplaudirnos. Cuando los cadáveres que aún respiran en nuestros hombros, envueltos en otro Santiago, con todo y sus pareces parlanchinas, agotados de voces, donde sólo los muertos hablan: Caminaremos de nuevo, tras de sí, con todo y nuestras moscas, con todo y nuestros rabos nauseabundos.

martes, mayo 16, 2006

Sexto gusano al aire: La muerte de William Burroughs



Nos quedamos afuera
¿Comprendes?
afuera
después que Noé se marchara
y se llevara consigo a sus animales verdaderos
y nos dejara a nosotros
con las quimeras,
después que Platón
nos deportara de su República
y nos corriera de su Caverna
cuando ya no había espacio en Macondo
y nos dejaran vivos en Comala.

Nos quedamos afuera
cuando Moro
nos dejó como zarrapastrosos
lejos de su Utopía
y sin Muros de los Lamentos.

¿Cómo explicártelo Burroughs?
Te desbarataste en sus manos
y nos quedamos afuera,
sin melancolía, sin arca de los sueños
ahogándonos en las aguas de Dios,
y nos dejaron tan sólo
con nosotros
y se llevaron todo
¡Todo!
Incluyendo
nuestro rabioso silencio.

miércoles, mayo 10, 2006

3ª Incoherencia al aire: Ejercicio de descripción.


Entre Londres y París los pequeños edificios se vuelven un espejismo cambiante según la mirada del espectador. Para algunos los adoquines transportan a una Europa envejecida, las calles angostas son pasos interminables para el viajero que nunca termina de deslastrarse de sus huellas, las fachadas sin patios y pequeñas cornisas junto a los balcones que no terminan de salir, dibujan una sobriedad en el barrio, formando una pequeña puerta que comunica al pasado. Para otros, es la nostalgia de una época no vivida, como si arrancaran de esa memoria impostada un futuro inexistente donde acoge artistas, pintores de poco nivel, y escritores que nadie lee. Sus calles son alumbradas escasamente por uno que otro faro, que deja escapar rostros a medias, transeúntes que aún siguen respirando el principio del siglo XX al margen de la historia con sus modales y costumbres, gente de mirada a medio ojo y abrigos que no alcanzan a llegar a las rodillas, sombreros en desuso y modales cortesanos, que luego abandonan una vez que se han retirado de sus calles.

Justo ahí, entre las calles Londres y París, en plena centro de Santiago unos pocos restaurantes y hoteles terminan de componer sus siluetas. Hay en uno de sus edificios un café algo amplio, menos de tres pisos, pero sólo el primero es un salón para estar y a simple vista parece un lugar acogedor. Su fachada la componen grandes bloques de concreto sin recubrir y medianamente pulidos que le dan un aire de castillo medieval, a pesar de que su figura rígida, más bien cuadrada, (o tosca, a decir verdad) logra pasar desapercibida gracias a las enredaderas petrificadas que adornan sus paredes y los candelabros de la entrada. Unas pocas mesas colindando con las dos calles completando el ángulo semicircular en la esquina y el cuadro casero. Sin embargo no es raro encontrar rostros bastante peculiares en el sitio (personalidades de ciudad, según el argot local) que va desintegrando la imagen acogedora y familiar a medida que pasan las horas. Las conversaciones no eran menos distinta: conviven como parte del panorama. Digamos, una imitación teatral de un moderno Café Voltaire resignado a no morir marginado del tiempo, dispuesto a incluir los murmullos sobre actores, escritores, crítico o pintores europeos. El nombre del sitio es: Café Dante.

jueves, mayo 04, 2006

Quinto gusano al aire: Mujer en medio del desierto.


Ahora siendo el suelo
siendo la peste y la alegría,
digo que soy un libro de poemas no terminado,
Ahora cuando llevo el color Atacama en mi cuerpo,
yo, La Mis Chile del padre Lepaige
que viene a resonar sus huesos
y a mostrar su cicatrices.
Porque ahora vengo
a hablar de mis deudas
con el tiempo,
de las Momias de Barro
y del barro hecho Libro
como mis manos.
Porque vengo
desvaneciendome con el agua
o petrificándome con el sol.
Y aquí vengo,
la que lleva todas las palabras
y todos los silencios.
Podría llamarme Ernesto Cardenal
y eso de nada serviría,
podría decir que soy un fragmento
(un vitral a medio vestir),
una joven milenaria
almorzando con el Señor de Cipango,
viendo sus parpados cerrarse
con el incierto de su voz:
furiosa, a regañadientes
mientras veo como las estatuas
terminan de petrificar
A los lobos de Hobbes. (*)







(*) Según Hobbes: El Hombre es el lobo del Hombre.

Cuarto gusano al aire: Nuestras Vendas


a Oscar Huenchunao



Sobre pasos desgastados por el tiempo
cayeron nuestras vendas
mientras dejamos de mandarnos el pasado
a pedradas,
con la certeza
de que los mercenarios vendrían
por nosotros; apenas cuando se hacían ver.
No olvides que nos adentramos al siglo
como locos: sin arqueólogos ni mentirosos
que nos desenterraran, o por lo menos
quitaran el polvo de nuestras sucias espaldas.

Deambulamos con nuestros esqueletos
al hombro
incendiando ciudades imaginarias
para escondernos;
y nos encontramos desnudos
a la manera de un Voltaire
con nuestros sacos Fourier y sombrero Versace
como un verdadero Platón
con mirada de John Wayne,
vagabundos y dicharacheros
todos, escondidos en nuestros sarcófagos
esperando a los mercenarios
(de siempre).

Nunca abandonamos estos ataúdes,
ni este rincón de cementerio,
ni esta lápida que parece ciudad,
y ni sus cigarrillos de gangster de otro futuro
dejaron de consumirse
con la rapidez de nuestros trajes
(a pesar de nuestras moscas circulándonos)
cuando sabíamos que Ra empezaba a eclipsarse.
Y de un momento a otro
dejamos de hablarnos
y nos embalsamaron, amigo,
material de museo:
Fuimos los maleantes de otra época por venir
y ayudamos a amarrar a Prometeo.
Que Dios nos perdone,
no había otro remedio.
No fuese
que robara de nuevo para nosotros
los mendigos del milenio,
recuerda que somos ateos
o por lo menos
eso me dijo Ra.